Nuevas formas de guerra: la violencia contra las mujeres en contextos bélicos.

La violencia contra las mujeres, y en especial la violencia sexual, se ha utilizado como mecanismo de guerra a lo largo de toda la historia. Uno de los casos más emblemáticos fue el de la antigua Yugoslavia, donde miles de mujeres fueron víctimas de violaciones durante la guerra de Bosnia entre 1992 y 1995. Así, la violación fue utilizada de forma sistemática con el objetivo de violentar a las mujeres y sus familias; mediante la represión y el miedo, quisieron destruir a las familias y llevar a cabo una “limpieza étnica”. La vulneración de los derechos de las mujeres fue de tal magnitud que marcó un antes y un después en la conceptualización de la violencia sexual en conflictos armados.

Otros casos en los que se ha documentado la utilización de la violencia sexual en diferentes contextos de conflicto armado son los de Siria, República Democrática del Congo (RDC), Myanmar, Sudán, Sudán del Sur, Colombia o República Centroafricana y actualmente Ucrania, entre otros.

Así pues, como se ha podido observar, la violencia sexual se ha producido en diferentes contextos y conflictos, sin importar la época, el motivo, la religión o la etnia .

¿De qué trata la violencia sexual en conflictos armados?

La violencia sexual en contextos de conflicto armado es un mecanismo deliberado y planificado que tiene como objetivo herir, humillar, degradar y/o destruir a las mujeres del “adversario” y cuyo tejido social forman parte. Al agredir a las mujeres de los “contrincantes”, los agresores ejercen una especie de humillación simbólica, mostrando lo “machos”, pues lo hacen cuando sus maridos o parejas no están presentes para “protegerlas”.

Si bien las mujeres son las principales afectadas por la violencia sexual, los hijos y las hijas de la víctima y sus familiares también se ven expuestos de la misma forma y son víctimas indirectas de la violencia sexual. Cabe mencionar que la violencia sexual como mecanismo de guerra no se limita únicamente a las violaciones, es un fenómeno muy complejo formado por un conjunto de violencias muy diversas, y en ocasiones sutiles.

Así, en el informe del ex secretario general de la ONU, Ban Kimoon, se destaca que la violencia sexual en los conflictos armados supone:

“La violación, la esclavitud sexual, la prostitución
forzada, el embarazo forzado, el aborto forzado,
la esterilización forzada, el matrimonio forzado y
todas las demás formas de violencia sexual de
gravedad comparable perpetradas hacia
mujeres, hombres, niñas o niños, y que tienen una
vinculación directa o indirecta con un conflicto”

Entre las estrategias de violencia sexual también se han identificado los llamados “campos de violación” (en inglés, rape camps) en referencia al uso de espacios -edificios, escuelas, parking para violar reiteradamente mujeres. Estas atrocidades reflejan la desigualdad vigente entre hombres y mujeres, así como la fuerte influencia de los estereotipos sexistas en la sociedad.

Además, no debemos ignorar que estas violencias se dan porque se enmarcan dentro de un sistema patriarcal que lo permite y sustenta. Así, en contextos de crisis y guerra, las mujeres se convierten en sujetos especialmente vulnerables debido a su posición en el mundo y la sociedad; los hombres, por su parte, ejercen y perpetúan la violencia machista al disponer de una serie de mecanismos sociales, económicos y políticos que los protegen.

La historia se repite, el caso de las mujeres ucranianas.

La situación de las mujeres en Ucrania ya era problemática y un tema sensible antes de la guerra, puesto que existía un elevado índice de mujeres víctimas de trata.

Como ejemplo, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) identificó y dio ayuda a más de 1.000 víctimas de trata ucranianas en el 2021. Es por ello que después de la invasión rusa, diferentes ONG y organismos internacionales alertan de expresa vulnerabilidad a la que están expuestas actualmente las mujeres ucranianas. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), señala que “necesitan protección frente a la violencia de género, el abuso y la explotación sexual”.

Las mujeres ucranianas no sólo sufren los bombardeos y las explosiones, también temen las posibles violencias sexuales. Según el testigo que recoge The Guardian sobre Antonia Medvedchuk, (31), el día que escuchó las bombas, el primero que cogió antes de huir fueron preservativos y tijeras por si debía necesitarlas como mecanismo de defensa frente a una posible agresión.

En tiempos de guerra, ellas se convierten en «campos de batalla», todo lo sexual se convierte en una forma de dominación y de atentado contra la integridad física de las personas

Nuevas formas de guerra: la violencia contra las mujeres en contextos bélicos.

¿Cuántas mujeres deben ser violentadas para ganar una guerra?

¿Por qué las mujeres deben sufrir las consecuencias de una guerra que, en la mayor parte de los casos, han iniciado a los hombres?

Por último, recordemos el legado que nos dejó la teórica política y filósofa Hannah Arendt sobre los conflictos armados y el totalitarismo. La autora nos invita a cuestionar los discursos prefabricados y pensar en las consecuencias de nuestros actos porque para ella, pensar, dialogar, cuestionar, es un acto político en sí mismo. El día que dejamos de reflexionar y considerar nuestra forma de actuar y de ser, significará que hemos dejado de pensar.

Nuevas formas de guerra: la violencia contra las mujeres en contextos bélicos.
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    Por |2022-06-16T22:14:34+02:00junio 16th, 2022|Igualdad de género, Sexismo, Violencia género|0 Comentarios

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